Un consorcio de científicos de seis países ha presentado una dura crítica formal contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) a través de la revista The BMJ. El eje del reclamo es la persistente subestimación del riesgo de transmisión aérea del hantavirus andino, un patógeno que destaca por su alta tasa de letalidad y su capacidad comprobada de contagio interhumano.
La evidencia de Epuyén: un precedente desatendido
Los especialistas señalan que la renuencia de la OMS a actualizar sus directrices ignora datos epidemiológicos críticos, particularmente los obtenidos tras el brote de 2018 en Epuyén, Argentina. En aquel evento, se determinó que el virus pudo propagarse entre personas que compartieron espacios cerrados sin contacto físico, lo que sustenta la hipótesis de la exposición por inhalación de aerosoles.
Pese a estos antecedentes, la OMS mantuvo inicialmente un enfoque centrado en el contacto estrecho y las gotas respiratorias pesadas, una postura que los científicos califican de insuficiente ante la gravedad del virus.

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Exigencia de nuevos estándares de bioseguridad
El grupo de expertos sostiene que, ante un patógeno de estas características, el principio de precaución debería primar sobre la burocracia institucional. Entre las medidas técnicas solicitadas se incluyen:
Protección respiratoria: Uso mandatorio de mascarillas N95 en entornos de riesgo.
Gestión de aire: Instalación de filtros HEPA y prohibición de la recirculación de aire sin filtrar en zonas de transporte y cuarentena.
Aislamiento: Protocolos de ventilación reforzada en centros de salud.
Un cuestionamiento sistémico
Este nuevo foco de conflicto sitúa a la OMS en una posición vulnerable, reviviendo las críticas recibidas durante la crisis del COVID-19 por su demora en reconocer la importancia de los aerosoles. Mientras que agencias como el CDC de Estados Unidos ya han endurecido sus recomendaciones hacia el aislamiento respiratorio, la falta de una normativa global uniforme por parte de la OMS sigue siendo vista por la comunidad científica como una falla crítica en la seguridad sanitaria internacional.



