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Tiene 100 años, conduce su propio auto y lidera su empresa: la mujer que desafía al tiempo trabajando
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Tiene 100 años, conduce su propio auto y lidera su empresa: la mujer que desafía al tiempo trabajando

Marta Beatriz Echaul cumple su rutina diaria en una oficina de Pompeya, supervisa balances y renovó su carnet de conducir recientemente. Dueña de una empresa de transporte desde hace cinco décadas, asegura que el secreto de la longevidad es mantenerse lejos de la cama y el televisor.

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El reloj marca las 13:57 y Marta Beatriz Echaul ya espera en la puerta de su oficina en el barrio porteño de Pompeya. Con una puntualidad rigurosa, acomoda su chal y se dispone a comenzar una jornada laboral que, para ella, es el motor de su existencia. A sus 100 años, Marta no es solo una espectadora del tiempo; es la protagonista activa de una PyME de transporte general llamada "Santa Marta", la cual fundó hace más de medio siglo tras atravesar una tragedia familiar que la obligó a reinventarse.

Todos los días, Marta sale de su casa en Retiro, baja por el ascensor hasta el estacionamiento y se sube a su auto. Conduce ella misma, una actividad que defiende con uñas y dientes porque representa su "libertad". Al llegar a la empresa, sube con paciencia los 20 escalones que la separan de su escritorio, donde la esperan papeles con balances, costos y su inseparable vaso de soda. "La cama es un tentáculo que te agarra y te echa a perder si te quedás ahí", afirma con convicción, dejando claro que el retiro no figura en sus planes.

Una vida a la par del crecimiento de Buenos Aires

Nacida el 13 de septiembre de 1925, Marta creció en el barrio de Once en una familia de inmigrantes: padre árabe y madre turca de religión judía. Recuerda una ciudad donde las vacas lecheras todavía cruzaban las calles y el tranvía era el sonido cotidiano. Se casó a los 19 años con Isaac, pero siempre mantuvo una independencia inusual para la época. A los 20 años, tras insistirle a su padre, consiguió su primer auto, un Cadillac. En una Argentina donde ver a una mujer al volante era casi una distopía, ella ya marcaba su propio camino. "Antes era la mujer detrás del hombre. Yo no, yo estaba a la par", sentencia.

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A pesar de que en su juventud soñó con ser cirujana —un deseo que las convenciones de aquel entonces frustraron—, volcó toda su energía en la administración y el liderazgo. Hoy, su oficina es un reflejo de ese mando: ella está en el centro, rodeada de sus empleadas mujeres en la administración, mientras abajo, en el playón, los hombres se encargan de la mercadería y los camiones.

El fenómeno de la "Abuela Marta"

Lo que empezó como una rutina privada se transformó en un suceso viral. Su nieta Fernanda, que ahora actúa como su representante, la ayudó a desembarcar en Instagram, donde bajo el usuario @abuelamarta1925 ya cosecha más de 102.000 seguidores. Marta observa este "boom" con asombro, pero aprovecha la exposición para enviar un mensaje a las generaciones más jóvenes. No se trata de vacunas o fórmulas mágicas (de hecho, confiesa que fuma poco, toma su copa de vino diaria y deja que su cuerpo "se defienda solo"), sino de una cuestión de actitud ante la vida.

Cuando se le pregunta por el secreto de su lucidez, Marta apunta directamente al trabajo y a la exigencia personal. Recientemente renovó su registro de conducir sin dificultades, y aunque usa lentes tras una operación de cataratas, su mirada sigue siendo tan aguda como cuando revisa los costos de su empresa.

El legado más allá del balance

Al final del día, después de masajearse las manos y mirar de reojo la Mano de Fátima que protege su oficina, Marta reflexiona sobre la felicidad y el éxito. Para ella, el individualismo actual ha erosionado la humanidad que recordaba de su juventud. Su consejo para los jóvenes de 20 años que la siguen en redes es simple pero crudo: que no busquen la riqueza fácil, sino que luchen por lo que quieren a través del trabajo constante.

Para Marta Beatriz Echaul, la verdadera clave de la vida no está en los bienes acumulados, sino en la huella afectiva. "La clave es que te quieran; así seguirás viviendo cuando ya no estés", dice antes de volver a sentarse en su silla acolchonada para seguir organizando las tareas del día. A los 100 años, Marta no espera que el futuro llegue; ella sale a buscarlo cada mañana al volante de su auto.

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ANTENA OCHO
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